Luego de un viaje de 154 kilómetros al noreste de Puerto Natales, nuestro espíritu aventurero se regocija ante el encuentro con un paraíso de 227.298 hectáreas y geografía excepcional de imponentes macizos, bosques vírgenes y lagos de color turquesa. Con una fuerte ráfaga de viento y un cielo pintado de índigo, el Parque Torres del Paine nos da la bienvenida, invitándonos a descubrir el por qué de los incontables reconocimientos que ha ido acumulando como uno de los parajes más hermosos del planeta.

Nuestro punto de partida en esta aventura es Portería Serrano, donde reviso por última vez nuestras provisiones y te comento algo que clasificas como una exageración: prepárate para recorrer un paisaje que cambiará sin aviso. Así es, porque de vastas pampas habitadas por ñandús, guanacos y pumas, nos trasladaremos súbitamente a un espeso y centenario bosques de lengas. Avanzaremos un poco más y el sendero se volverá rocoso, gris y empinado, como si en minutos nos hubiéramos transportado a otro planeta.

Sin darnos cuenta, caminamos por horas hasta que los pies nos avisaron que ya había llegado el momento de un merecido descanso. Desde lo alto de una quebrada, observamos el verde valle Ascencio y nos preparamos para nuestra siguiente parada, el Campamento Chileno. El parque puede ser recorrido en horas o días, en rutas sencillas de pocas horas o desafíos extremos, como el circuito W o el O, y nosotros, que solo contamos con un día, hemos decidido realizar un tramo de poca complejidad hasta la cima. ¡Allá vamos!

Cuando volvamos a visitar Torres del Paine, ¡te voy a mostrar lugares increíbles! Iremos al mirador Cuernos, el río Pingo y, por supuesto, al lago Grey que te maravillará con el glaciar que corona uno de sus extremos. Cuando estemos ahí, nos daremos un pequeño gusto y cruzaremos el lago en catamarán. Disfrutaremos juntos de un pisco sour hecho con hielos milenarios, esos que no sabemos cuánto tiempo más estarán con nosotros, y nos perderemos extasiados entre glaciares, aguas turquesas y cielos azules.

El último tramo de nuestro recorrido se hace aún más bello con la compañía del sol.  Después de 45 minutos de ardua caminata desde Campamento Torres finalmente llegamos a la que se considera la parada obligada de todo aquel que visite el parque: Base de Las Torres, lugar donde presenciamos los tres picos amarillos que tanto temían los nómades Tehuelches que habitaban esas tierras.

Ante esas excepcionales catedrales de granito envueltas en nubes y vapores, una pícara sonrisa se escapa de tus labios al descubrir que las fotos del parque que viste en internet, no le hacen ni una pizca de justicia a la majestuosidad de los imponentes macizos y prístinos parajes que se alzan frente a ti.